La improvisación es lo suyo. Inventa la melodía, el ritmo y el idioma de las sílabas de su canción.

Unas octavas en el bajo y se le desata su imaginación musical. 

Lo más curioso es que dedica su improvisación a los altavoces del teclado como si fueran micrófonos.

Si las clases de piano fuesen en grupo privaríamos a los alumnos de momentos como éste. No sabemos quién está disfrutando más en este video, si Akira o Erika, su profesora. 

Hay momentos en los que ella aguanta la risa de felicidad ante la genialidad de Akira. Es sorprendente el sentido del ritmo y de la forma musical que tiene este niño.